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Este miércoles, la cantidad de tenistas albicelestes invitaba a ilusionarse con el avance y que alguna se vista de candidato, pero los pronósticos cayeron uno a uno. El más lógico fue el de Diego Schwartzman, que enfrentó al japonés Kei Nishikori, número 5 del mundo y máximo favorito, y cayó 7-5, 2-6 y 2-6.

Con un arranque de furia en una cálida noche y una marco espléndido (al menos 3000 personas se acercaron al Buenos Aires Lawn Tennis Club, el día con más convocatoria, y que tuvo ribetes de Copa Davis), el “Peque” parecía intimidarse por el nipón. Martilló con su revés, aguantó de fondo y defendió con garra.

Tuvo barra propia que nunca dejó de alentarlo. Su grupo de amigos, fiel e incansable, sostuvo a la hinchada local, que tuvo la presencia de Nalbandian en el palco VIP. De a poco el porteño se fue desarmando en su juego, pero no decayendo anímicamente. Lo que antes era un error del japonés capitalizado por Schwartzman, luego se transformó en un tiro ganador del asiático. Ya no le fue tan fácil al número 50 del mundo rearmarse y contragolpear para dominar y abrir su juego.

Quizás por el calor, o tal vez por los días “inactivo” que pasó en Buenos Aires (llegó el jueves de la semana pasada), a Nishikori le costó un set amoldarse a la Catedral, que lo vio llegar a cuartos en 2012. Ahora irá por un premio mayor, nada menos que el trofeo.

La jornada abrió con un inusual clima veraniego para el desarrollo de esta semana. Por primera vez desde el inicio del Argentina Open, el cronograma se cumplió a rajatabla y no hubo lluvia que atente contra los partidos. Pero para Mayer no fue un miércoles de sol, sino más bien oscuro, con una derrota que le duele y lo margina una vez del torneo más importante que se juega en el país.

Así como el “Yacaré” dio sobradas muestras de su capacidad en la Copa Davis, tanto de local como en canchas ajenas, el ATP casero no se corre ni un ápice del refrán popular que dice que nadie es profeta en su tierra. El correntino nunca pudo pasar de la segunda ronda, y es la quinta ocasión consecutiva que pierde en dicha ocasión. Y en una de ellas fue precisamente ante el español Albert Ramos.

El catalán de 29 años, número 26 del mundo, es un rival exigente en cualquier superficie y aún más en polvo, donde los puntos se trabajan más. El correntino arrastraba una molestia desde ante de la serie ante Italia hace dos semanas y frente a Ramos la lesión se profundizó. Por eso, cuando iba 7-6 (4), 6-7 (3) y 0-1, debió abandonar cuando su pierna izquierda dijo basta.

“Venía mal hace bastante dela pierna izquierda. La exigí bastante y se me terminó acalambrando la derecha porque la forzaba para equilibrar. Cuando se acalambra una pierna no hay vuelta atrás, no me voy a romper por un partido. Pero fuera de eso, sentí que el resto estuvo bien, el saque, la movilidad”, analizó el número 148 del mundo.

Mientras Mayer hablaba en conferencia y confesaba sus sensaciones entre negativas y con esperanzas de cara al futuro (“si no le pongo un poco de alegría me tengo que tirar desde un puente”, apuntó entre sonrisas), en el court Guillermo Vilas del BALTC Delbonis intentaba mantener con vida a quienes representaron a Argentina en la final de la Davis. Afuera Guido Pella y Mayer, y sin la presencia de Juan Martín Del Potro, el último miembro del cuarteto de Zagreb era el de Azul.

Errático y fuera de foco, “Delbo” quedó lejos del rendimiento deseado y del primer duelo. Experimentado en polvo y más relajado desde el título en la Davis, el mejor argentino rankeado en el certamen porteño (45 del mundo) quedó a mitad de camino con un gran sinsabor.

El marcador ante el portugués Joao Sousa fue de 7-5 y 6-3 para el europeo y deja a las claras que fue un partido nivelado, especialmente en el primer acto, que se terminó decidiendo por fallas del local en los momentos decisivos. Para el segundo set, Delbonis ya tenía mellada su confianza y su rival capitalizó lo producido más temprano. El siguiente paso del luso será medirse ante Nishikori.

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