El hombre vive en un refugio de acogida en Wolverhampton, Reino Unido, y recibía comida de una iglesia. Ahora tendrá unos días de prueba y el trabajo será suyo.

Ni bien salió del edificio, tras firmar el contrato, las cámaras registraron el momento en que alza sus brazos y aplaude en señal de felicidad.

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